Los vinos de Toro cuentan con una antiquísima tradición. Sus orígenes son anteriores incluso al asentamiento de los romanos en la zona.

Desde siempre han sido vinos de gran calidad, muy apreciados. En la Edad Media, por su extraordinaria calidad, se le concedió privilegios reales que permitían su comercialización en ciudades donde la venta de otros vinos estaba prohibida.

De esa tradición en la elaboración de vino han ido bebiendo generación tras generación, así hoy en día se elaboran auténticas maravillas en la zona.

Frutos Villar fue la primera bodega en asentarse y comercializar vino de Toro, hacia 1920.